En el ámbito de la impresión, hay libros que no solo se leen: se recorren, se manipulan y se habitan. O todo brilla o nada brilla, del artista Fermín Jiménez Landa, es uno de esos proyectos que desbordan el formato tradicional para situarse en un territorio híbrido entre el libro de artista y la publicación monográfica.

Bajo un título que sugiere una tensión totalizadora, la obra se plantea como un recorrido deliberadamente desquiciado por el universo creativo del autor. No se trata de un catálogo ordenado ni de una retrospectiva convencional, sino de un dispositivo narrativo donde conviven lo poético, el diálogo libre entre piezas, imágenes de archivo y notas al margen. Cada proyecto mantiene su autonomía, pero al mismo tiempo forma parte de un entramado mayor que convierte el libro en algo más que una suma de partes: un mapa, un recetario, una confesión y un bloc de notas.

Entre sus páginas se entrecruzan experiencias tan dispares como viajes con pescadores, incursiones en laboratorios de ingenierías, persecuciones a policías, recetas de cocina insensatas o la invención de helados con sabor a sendero. Esta diversidad no busca el espectáculo, sino construir una cartografía personal donde lo cotidiano y lo absurdo dialogan sin jerarquías.

La materialidad del libro refuerza esta intención conceptual. La elección de un papel de gramaje muy fino no responde únicamente a una decisión técnica, sino a una postura clara frente al objeto libro. Aquí, el soporte renuncia a la solemnidad: el volumen se acerca más a un cuaderno de trabajo que a una pieza de lujo. El peso recae en las ideas, en los gestos, en la acción, no en la ostentación material.

Esta ligereza introduce además una experiencia de lectura particular. Las transparencias, la fragilidad del papel y el ritmo que imponen sus páginas invitan a una relación más desprejuiciada con el libro. No se trata de un objeto que exija distancia reverencial, sino de un espacio que se puede recorrer sin miedo, casi como quien hojea apuntes de algo que sucedió en otro lugar. La intención es clara: que el lector pierda el respeto al libro en el mejor de los sentidos, que lo use, lo toque, lo haga suyo.

En coherencia con esta lógica, el libro se presenta como un objeto para ser vivido más que conservado. La precariedad frente al lujo, la temporalidad frente a la eternidad, la ligereza frente a la pesadez y el “apaño” frente a la estrategia son valores que atraviesan tanto la práctica artística de Jiménez Landa como esta publicación. El resultado es un artefacto editorial que cuestiona qué significa realmente editar y producir un libro hoy.

Nada de esto sería posible sin un proceso de impresión a la altura del proyecto. La colaboración con Impresum ha sido, según el propio artista, ejemplar. Recomendados con entusiasmo por Escif, «el equipo de la imprenta ha sabido acompañar cada decisión con cuidado y generosidad. Su capacidad de diálogo y anticipación técnica ha permitido resolver las complejidades del proyecto sin limitar las elecciones más arriesgadas: márgenes llevados al límite, papeles extremadamente finos o composiciones poco convencionales», comenta Fermín.

En un momento en que la impresión puede tender hacia la estandarización, O todo brilla o nada brilla demuestra que el libro sigue siendo un territorio fértil para la experimentación. Un recordatorio de que, cuando concepto y técnica se alinean, el resultado no es solo un objeto impreso, sino una experiencia que permanece mucho más allá de sus páginas.

 

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